EL CAFÉ Y OTROS PRODUCTOS AGRÍCOLAS
Agotada la explotación minera, el único recurso con que
contaba la economía colonial decadente era la enorme disponibilidad
de mano de obra desocupada y muchas tierras
vírgenes despobladas y sin valor, con lo que entonces surge
la agricultura itinerante, que consiste en quemar y sembrar
tierras nuevas. Más tarde se da un reordenamiento social
promovido por la Corona, y se regresa a la organización
de latifundios concentrados en el cultivo de café, algodón
y tabaco. Como consecuencia (tal vez no prevista) el cultivo
de café pasa a impulsar un nuevo ciclo económico en Brasil
y los nuevos ricos terratenientes comienzan a expulsar a los
pobres de las tierras más productivas y a deforestar nuevas
tierras vírgenes. El éxito económico del café fue comparado
al del azúcar en sus buenos tiempos y pasó a representar
62% de las exportaciones brasileñas.
El empeño por deforestar para liberar áreas destinadas
al cultivo de café llegó a tal punto en las montañas que
circundan Río de Janeiro que esta ciudad tuvo serios problemas
de abastecimiento de agua. Este hecho obligó al
emperador D. Pedro II, por entonces ilustre morador de este
lugar, a declarar estas áreas como protegidas y reforestarlas
con especies nativas y exóticas. Hoy día, la composición de
estos bosques (floresta de Tijuca) es aún bastante peculiar
debido a esto.
Después de la explotación sufrida por la región sur en el
periodo de extracción minera, la segunda configuración de
deforestación en el sur de Brasil empezó después de la abolición
de la esclavitud, a finales del siglo XIX. Los oligarcas
de origen europeo miraban con sospecha a la mayor parte
de la población brasileña compuesta por negros y mestizos
y decidieron sustituir a su propio pueblo por gente considerada
“mejor” desde el punto de vista racial. Además, con
el final de la esclavitud, los oligarcas del café deseaban una
mano de obra mejor calificada, ya que tendrían que pagar
por ella.
El gobierno imperial invirtió enormes recursos en esta
empresa, facilitando transporte, instalación y concesión de
tierras para los inmigrantes europeos (en su mayoría italianos,
polacos y alemanes) y asiáticos (principalmente japoneses y
árabes). Las facilidades brindadas jamás fueron concedidas
a los nativos pobres. Los núcleos europeos se volvieron importantes
centros de producción de vino, miel, trigo, papas y
frutas de clima templado. Sin embargo, en su expansión estas
colonias acabaron chocando con la oligarquía latifundista ya
establecida y fueron obligadas a utilizar la tierra virgen que
había, finalizando el proceso de deforestación de la región.
Posteriormente, este proceso dio paso a la creación de grandes
zonas industriales y, también, con el transcurso de varias generaciones,
a un magno contingente de pobladores sin tierra
para cultivar.
La degradación ambiental de Brasil alcanzó niveles tan
escandalosos que sólo entre 1786 y 1788 los intelectuales
y académicos brasileños escribieron 150 textos discutiendo
la destrucción ambiental del país.
Después de la Segunda Guerra Mundial y fuertemente
presionado por Estados Unidos, Brasil adoptó la “revolución
verde”, destinada a que el país consumiese los nuevos productos
de las pujantes industrias bélicas que se volvieron
inútiles al final del conflicto. La revolución verde implicó el
uso intensivo de agrotóxicos y fertilizantes, utilizados principalmente
en las extensas plantaciones de soya para exportación.
Asimismo, dio inicio la destrucción de extensas áreas
de bosque de la región centro-norte que originalmente estaba
conformada por una vegetación del tipo sabana, localmente
conocida como cerrado y de otras conocidas como cerradão
(una sabana más densa y más alta), esta última localizada ya
en los bordes geográficos de la Amazonia. De 1965 a 1980 el
consumo de fertilizantes aumentó cerca de 1 280%, mientras
que la productividad en el campo aumentó sólo 4.9%.
Los resultados de este proceso fueron un incremento de los
latifundios, pequeños agricultores endeudados y alrededor
de 60% de la región deforestada.











