LA COLONIZACIÓN Y LA CAÑA DE AZÚCAR

LA COLONIZACIÓN Y LA CAÑA DE AZÚCAR
Terminada la explotación de pau-brasil y debido en mucho
a las constantes invasiones francesas y holandesas, Portugal
finalmente decidió colonizar Brasil. Vale la pena resaltar que
fue un proceso mucho más sencillo que en el caso de México
o Perú, pues las poblaciones que ahí vivían, en cuanto a su
escala de desarrollo, apenas daban los primeros pasos hacía
la agricultura de subsistencia, superando así su condición
paleolítica, y sumaban, según algunos autores, tan sólo un
millón de individuos.
A finales del siglo XVI dio inicio la conformación de la
economía azucarera en la región nordeste. El carácter ofi-
cial de la empresa azucarera, instituido y estimulado por la
Corona portuguesa a través de concesiones de tierras, de la
distribución de privilegios y títulos honoríficos, ofrecía a
los señores de los ingenios un poder hegemónico en la vida
colonial. Era natural que así fuera, según la lógica de que
esta empresa redituaría grandes sumas de dinero a Portugal,
además de estimular la rápida ocupación de las tierras
recientemente descubiertas. El cultivo de la caña de azúcar
sólo necesitaba tierras tropicales fértiles y frescas y mano de
obra barata, la cual pasó a ser proporcionada primero por los
indígenas y luego, tras una enorme demanda, por los africanos
esclavizados. La naciente esclavitud, como todo proceso social
injusto, se convertiría más tarde en el origen de algunos de
los mayores problemas sociales de este país, según la mayoría
de los sociólogos, pero eso ya es otra historia.
Las mejores tierras eran destinadas a los cañaverales, los
pastizales a los animales de carga. Había plantaciones dedicadas
a la alimentación y alguna que otra tierra virgen proveía
leña y madera para las construcciones. Por cada kilogramo
de azúcar producido se quemaban alrededor de quince de
mata atlántica, como leña en los ingenios. En los siguientes
siglos, la competencia ofrecida por la nueva área productiva
de las Antillas sacó a la región nordeste del mercado mundial,
lo que ocasionó un deterioro en los precios del producto y
esto, a su vez, provocó una crisis económica en la región.
El sistema productivo implantado, sin embargo, sobrevivió
durante siglos, pero fue forzado a adoptar formas cada vez
más autárquicas de producción.
En todo el proceso productivo de los ingenios, la deforestación
de esta región fue tal, que en 1936, el profesor
Vasconcelos Sobrinho afirmó que la región nordeste de Brasil
poseía tan sólo 5% de su vegetación original. El sistema social
de esta región sigue hasta hoy, los tradicionales vicios del
caciquismo político que solamente beneficia a las oligarquías
y es responsable de uno de los mayores índices de pobreza
y analfabetismo de todo Brasil.